Proyecto Arqueológico Huari-Ancash

Está orientado a conocer los modos de vida de los pobladores prehispánicos de Huari. Son de especial interés los aspectos funerarios y el culto a los ancestros, para lo cual se desarrollan excavaciones arqueológicas a fin de obtener información que ayuden a comprender estos aspectos. Las trabajos arqueológicos cuentan con el auspicio del Centre de Investigación en Arqueología Precolombina de la Universidad Paris 1, Municipalidad Provincial de Huari y el Instituto de Estudios Huarinos.

Monday, November 01, 2010

Arqueología en la laguna de Purhuay

EXCAVACIONES DE LA MISIÓN ARQUEOLÓGICA Y ANTROPOLÓGICA ITALIANA PROYECTO “ANTONIO RAIMONDI” EN EL ECOSISTEMA DE LA LAGUNA DE PURHUAY: ISHLA RANRA Y LLAMACORRAL

Carolina Orsini

La zona en las alturas del anexo de Acopalca, distrito de Huari, donde se ubica la laguna de Purhuay, es rica en sitios arqueológicos de interés que han sido registrados en el catastro arqueológico hecho en los últimos 7 años por el arqueólogo huarino Bebel Ibarra. A partir del año 2006 ha empezado en esta zona nuevas investigaciones arqueológicas de la Misión italiana proyecto Antonio Raimondi del Castello Sforzesco de Milano en colaboración con Bebel Ibarra auspiciadas por el Museo delle Civiche Raccolte d’Arte Applicada del Castello Sforzesco de Milano y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia.

En el pasado prehispánico la zona de la laguna de Purhuay revistió un papel muy importante como área de asentamiento y como fuente de abastecimiento de recursos naturales y lugar especial para los rituales religiosos: en el ecosistema de la laguna no sólo existe dos sitios de interés (Llamacorral e Ishla Ranra, excavados en el 2006) si no una verdadera red de asentamientos que se conectan de manera muy estrecha con la laguna. Las excavaciones han continuado en el 2007 investigando los sitios de Ñawpamarca y Awilupaccha que se encuentran en las alturas de la laguna en dirección Este.

Ishla Ranra

A orillas de la laguna de Purhuay, Ishla Ranra se ubica al lado Sur detrás del campamento de Parque Nacional Huascarán. El sitio se presenta como un conjunto de recintos que cubre un área de 4 hectáreas con diferentes zonas de tumbas (anteriormente reconocidas por Ibarra, que observó cinco tumbas, con restos de dos cuerpos, cráneos rotos, fémures). El terreno es muy accidentado en esta parte, y se encuentra a una cota más alta con respecto a la laguna (Fig. 1).

Ishla Ranra fue una aldea: todavía se pueden apreciar recintos domésticos con pozos, plazas, tumbas, caminos. Las excavaciones permitieron establecer que el sitio fue frecuentado durante un tiempo corto en la fase final del periodo prehispánico y fue rápidamente abandonado durante la Colonia. La conformación de la aldea es irregular: en la parte mas alta del asentamiento se concentran las estructuras domésticas con planta rectangular, tres de las cuales han sido excavadas, mientras que hacia l extremo Sur del asentamiento se encuentra una plaza ancha y en su cercanía se ubicó una tumba o cámara subterránea (cámara I) en una plataforma de planta ovalada en la parte oriental del asentamiento.

La tumba estaba abierta y saqueada. Los hallazgos rescatados pertenecen a tres distintos tejidos ubicados en el fondo de la cámara, una camisa, una cinta y fragmento de tela gruesa, todos de época colonial. Se encontraron también escasos restos de cerámica mezclados a los tejidos.

Ishla Ranra ha revelado ser un sitio extenso (4 hectáreas), localizado en un promontorio llano que domina y permite controlar la zona de la laguna y al mismo tiempo el valle del río de Purhuay camino a la ciudad de Huari.

El asentamiento acoge estructuras de varias funciones, plazas anchas y recintos domésticos y ha sido remodelado a lo largo de su (probable) corta historia, como lo demostraría la presencia de estructuras intrusivas y de sepulturas secundarias observadas en el asentamiento (Fig. 2). Desafortunadamente en el sitio se ha recuperado poco material diagnóstico, quizás en razón de la erosión que caracteriza el terreno rocoso, con excepción de un fragmento de cerámica (Período Intermedio Tardío) y para los tejidos de la tumba I, que, según los fechados radiocarbónicos realizados remontarían al 1460 - 1680 después de Cristo.

En espera de ulteriores estudios, podemos suponer que Ishla Ranra fue un asentamiento complejo, frecuentado en épocas tardías y construido, quizás, para la explotación de los recursos de la laguna.

Durante las prospecciones en las alturas de Purhuay, se puede observar otros sitios arqueológicos muy similares como el complejo de Maria Jiray, donde se encuentran estructuras domésticas similares. También parece probable que Ishla Ranra fuese un asentamiento temporal, construido como lugar de frecuentado ocasionalmente por los pobladores de la zona que ocupaban sitios más formalizados como los poblados de Ñawpamarca de Acopalaca (al Oeste de la Laguna) y de Pueblo Viejo o Ñawpamarca de Huamantana (al Este de la Laguna) ambos construidos en las alturas de Purhuay a una altura de más de 4400 msnm.

Llamacorral

Llamacorral es un pequeño conjunto ubicado en el lado Sureste de la laguna. Está conformado por tres muros circulares concéntricos en donde los accesos se hallan perfectamente alineados; en el cerco interior se halla un pozo (Fig. 3). La mampostería y la técnica de construcción de los muros es muy interesante por su acabado refinado, las investigaciones fueron orientadas a la definición de la función de la estructura y a ponerla en relación con los demás restos prehispánicos de la zona de Purhuay.

Los sondeos de excavación permitieron poner a la luz un apisonado de tierra en donde se encontraron restos de cuentas de collar, una concha y pocos fragmentos de cerámica no diagnósticos.

La configuración de las paredes del pozo central es singular, de hecho la inclinación tiene una forma cónica (semejante a un embudo con forma de espiral) como si fuera modificada por el accionar del agua. Los pobladores de los alrededores del sitio en una ocasión visitaron la excavación en la última temporada de trabajo de campo, donde contaron que el pozo era un lugar muy sagrado por los “awilitos”[1] y que de su interior en los tiempos antiguos habían salido rebaños de llamas blancas, además que este lugar estaba conectado con la laguna por medio de una escalera y por la cual fluía el agua. La forma del pozo es efectivamente compatible con la presencia de agua que quizás pudo haber brotado de una falda subterránea agotada en la actualidad.

Según nuestra hipótesis con respecto a la presencia de agua en la estructura, podría tratarse de un canal cuya función era hacer fluir el agua hacia afuera. Supuestamente nosotros no estamos pensando en una presencia constante del agua, sino en algo ocasional, posiblemente relacionado con un aumento del nivel del agua del pozo. El sitio podría haber sido el lugar desde el cual, “la fertilidad de la laguna” se derramaba en las chacras cercanas y al mismo tiempo el lugar donde se rendían los cultos a la laguna misma.

Llamacorral es, como hemos dicho, uno de los lugares más sagrados para los habitantes del districto de Acopalca. La estructura arqueológica es de dimensiones reducidas (12 metros total de diámetro) y se conforma como un complejo de planta circular con tres muros concéntricos concebidos de modo que el exterior sea más alto que el mediano, que es más alto del muro central (Fig. 4).

La altura de las tres paredes se ha conservado por completo como lo demuestran los fragmentos de losas que se pueden apreciar en ciertas partes de la estructura. Suponemos que la altura variada de las paredes servía para sustentar un techo inclinado hacia el centro de Llamacorral, donde se ubica un pozo para el almacenaje del agua, que se caracteriza por una ingeniosa estructura helicoidal (para facilitar su recolección).

Como dijimos, el acceso dentro de la estructura se daba a través de un sistema de puertas alineadas perfectamente que se abren en las tres paredes. En el pasillo que se forma entre las entradas (y que conduce al pozo central) se encontraba una canalización para facilitar el desagüe.

Las excavaciones en la estructura han permitido no sólo verificar el sistema constructivo, sino también investigar evidencias de actividades humanas. El área fue frecuentada de manera controlada: se realizaban limpiezas periódicas, que han permitido que en los pisos se hallasen pocos restos materiales. Alrededor del siglo XV un fuego extendido invadió el área. Como demuestra también el fechado del tejido en la tumba de Ishla Ranra, el ecosistema de la laguna de Purhuay fue intensamente frecuentado alrededor de la primera época Colonial.

A pesar de que el sitio fue mantenido limpio, se pudo recuperar algunos hallazgos interesantes: chakiras de turquesas de uno o más collares. Al parecer en la estructura entraban personajes de rango, por lo menos en los cercos exteriores donde la altura del techo permitía andar agachados (en el cerco central la altura del techo no sobrepasaba el metro).

En el cerco mediano, se encontró un depósito intencional de una media valva de Spondylus princeps. De lo expuesto se deduce que la estructura revistiese funciones ceremoniales relacionadas probablemente al culto del agua (el Spondylus princeps se conoce en las crónicas como el “nutrimiento de las huacas[2] para que estas manden la lluvia), y que fuese utilizada de manera poco asidua, quizás durante ocasiones especiales y sólo por personas de las elites.

[1] “Awilitos” es el nombre genérico con que los pobladores del sitio llaman a sus antepasados.

[2] J. Murra, Formazioni economiche e politiche nel mondo andino [1975], Einaudi, Torino.

Figura 1. Mapa de ubicación.

Figura 2. Plano del sitio de Isla Ranra.

Figura 3. Plano del sitio de LLamacorral.


Figura 4. Vista de Llamacorral.